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Comunicación psíquica con un animal doméstico.
Escuchemos
al Tommy, un joven perro labrador que está experimentando la vida en
nuestro planeta:
Ø
Hoy sé que mi hermana gata
se ha ido para evitar una desgracia en uno de los niños de la familia… Cuando
va a ocurrir algo doloroso o impactante, nosotros lo sabemos con antelación.
Vemos que se forma una luz oscura en
el lugar en cuestión. En general, no sabemos de dónde procede, pero los más
ancianos de entre nosotros dicen que sale del ser que va a sufrir el impacto y
envenena un lugar concreto. Es como un arranque de cólera de un ser hacía sí
mismo… A veces, el espíritu de vida nos pide que tomemos sobre nosotros la luz oscura destinada a un ser humano al
que amamos; entonces aceptamos que el impacto recaiga sobre nosotros y que la
fuerza vital abandone nuestra forma física. Lo que nos impulsa a actuar de esa
manera no es el deber, sino el amor.
Y
continúa diciendo:
Ø El espíritu de vida que nos anima nos pide a veces que
tomemos algo de vuestra tristeza y de ese extraño peso que os abruma. Muchas
veces no necesitamos decidirlo; es como si se abriera en nosotros una puerta
que nos lleva a compartir… y absorbemos un poco de la carga que pesa sobre
vuestra alma. Entonces os extrañáis de que la fiebre se nos lleve por delante,
o de que nos atormenten terribles picores, o de que se nos caiga el pelo. En
esos momentos llevamos adherido al espinazo una especie de fango gris y
pegajoso. No podemos evitarlo; nuestro corazón lo encuentra lógico.
Ø También las almas-pájaro que viven cerca de vosotros, en
vuestras casas, aceptan ese sufrimiento, pero lo más frecuente es que tengan
que abandonar su cuerpo… Sólo nuestros hermanos los gatos saben sanar de los
males que absorben. Hay en su saliva una luz que disuelve la materia pegajosa
que se adhiere a su pelaje… Y saben hacer fundir la basura que procede de la
angustia de vuestro mundo.
Así
es como se expresa Tommy. Y así es como habla de los residuos etéricos que se
adhieren a los seres humanos, o a los animales, y que contaminan el éter.
La
sustancia que nos rodea, que llamamos éter, sirve de puente entre el mundo
físico y los mundos sutiles. Es un transmisor indispensable para nuestro
equilibrio, y actúa a varios niveles. El éter del que hablamos aquí, es el éter
vital. A nivel individual, y en el marco de nuestra enseñanza, forma parte de
la primera capa del aura, la que hace de barómetro para indicar nuestra
vitalidad física.
Si
pudiéramos ver, o conocer, la milésima parte siquiera de los mundos que creamos
gracias a la energía que emitimos a través de los pensamientos, las palabras y
las acciones, nos quedaríamos atónitos, y quizás aterrorizados, tal es la
multitud de miasmas pegajosas que nos rodean y que han sido creadas por
nosotros.
Cuando
un borracho se hunde en un mundo terrible y espantoso, no hace sino captar algo
del éter en medio del cual nos movemos a lo largo del día. Cuando un
drogadicto, con ayuda de su incontrolado vehículo sutil, afronta lo que se
llama un mal viaje, percibe un mundo
formado por lo que creamos con nuestros pensamientos o acciones repetitivas,
que forman egrégores temibles.
El
pueblo animal está conectado con la energía psíquica que emitimos los seres
humanos. De entre todos ellos, hay un grupo que se encuentra en relación
estrecha con las FP que creamos los hombres, y es el de las ratas. Oigamos lo
que se nos ha dicho al respecto:
-
Vuestras hermanas, las
ratas, reflejan la actividad de la mente humana. Captan los impulsos y
desórdenes por los que se dejan llevan continuamente los hombres; pero, por
fortuna, también captan lo mejor que hay en vosotros. En otras palabras,
construyen su civilización sobre las ondas sutiles generadas por la vuestra;
así que, a su manera, equilibran vuestro mundo… Su misión consiste en asimilar
las ondas psíquicas de los seres humanos, en digerirlas, podríamos decir, para
neutralizar su toxicidad…
-
La conciencia de las ratas
equilibra el mundo de los instintos humanos más bajos, el universo de la mente
inferior. Cuando vuestras hermanas las ratas se agrupan en número considerable
en algún lugar, puede decirse, en general, que allí reinan las tribulaciones y
la agitación…, y si por casualidad provocan alguna enfermedad, sabed que la
enfermedad es vuestra; es decir, que, en el fondo, la habéis generado vosotros.
Las epidemias que algunas veces han desencadenado, no son sino la
materialización de vuestra basura psíquica, de vuestras deficiencias, de
vuestras carencias…, todo ello recolectado a nivel planetario.
En
la actualidad, el pueblo de las ratas es incapaz de absorber más contaminación
psíquica. Ya no puede desempeñar el papel de limpiador de ondas psíquicas,
porque la cantidad de éstas es tal – y no deja de aumentar – que ha rebasado el
nivel de alarma.
¿Vamos
a esperar pasivamente y con la conciencia tranquila a que ocurra en nuestro
mundo una implosión por insuficiencia
respiratoria?
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